En el asiento trasero de
la moto a 120 por hora iba yo hacia un pueblo desconocido a un evento extraño.
Con un nudo en la garganta y los dedos de las manos clavados en los riñones de
mi chofer pensaba yo si había sido una buena idea aceptar ese trabajo.
El cliente se llamaba
Harley por el nombre de la moto, claro. Hace tiempo que lo conocía y me propuso
un viaje. Como su oferta era bastante atractiva obviamente la acepté. Lo que no
me podía imaginar es que el viaje seria en moto, de noche y hacia un sitio
sorpresa. Solo esperaba que el hotel fuera un hotel y no una tienda de campaña
en medio de la nada.Después de unos 40 minutos de velocidad, viento y nervios entramos en Altafulla. El Harley buscaba un polígono industrial en concreto y preguntaba a la gente el camino. Al final llegamos allí. Desde lejos se podía oír música, luces y el ruido de los motores. “¡Oh, no!”, pensé yo, “¡Una fiesta de moteros!”.
Obviamente lo era. Un montón
de gente con sus motos ocupaba un enorme descampado en la zona industrial. Un
grupo de músicos en un escenario pequeño cantaba country. Vestidos con los
típicos pañuelos, sombreros y botas de los cowboys unos veinte motoristas
bailaban a ritmo de esa música.
“¿Qué es eso? ¡Qué
espanto!”, pensaba yo mientras aparcábamos la moto. Por fin habíamos parado y
yo me centré en intentar colocar mis glúteos en el sitio que les correspondía y
en la forma lo mas redonda posible. Me quité el casco y en ese mismo instante
un fuerte empujonazo casi me hizo caer al asfalto. Me di la vuelta y vi a un
enorme gorila, calvo, con brazos tres veces más gordos que toda yo y
completamente cubiertos por tatuajes de calaveras y cruces. Llevaba la chaqueta
de cuero sin mangas desabrochada por debajo de la cual se veía el torso también
lleno de la misma clase de imágenes.
—Ay perdona, me he
equivocado, creía que eras otra persona —dijo el monstruo enseguida
disculpándose. Intentó construir una sonrisa pero solo le salió una horrible
mueca, la cual hizo su cara más siniestra todavía.
—Harley, ¿quién es esa
chica? La he confundido con Lolita, jaja —gritó el gorila a mi cliente.
“Por favor, no me digas
que son amigos”. El Harley por muy motorista que fuera, era una cosita diminuta
y muy delgadita, no tenía ni un solo tatuaje en el cuerpo y trabajaba de
contable en una oficina de Cornella. Lo único que podría hacerte sospechar de
su vida fuera de lo normal era el pequeño pendiente que llevaba en la oreja
cuando venía a verme. Además era tan cariñoso en la cama que no podía imaginarlo
en compañía de ese Godzilla ni en sueños.
—Es Alicia, una amiga
rusa, ten cuidado con ella que tiene muy mala leche y dientes afilados —comentó
el Harley, lo cual le agradecí con la mirada.
—Ah, ya, venga vamos pa
ya, que os estáis perdiendo lo mejor —nos llamo el gigante a unirse con el
resto de la gente.
Vestida de cuero con el
casco en la mano y la chaqueta en la otra me arrastraba hacia la muchedumbre
sudada y borracha con la “enorme” ilusión. El Harley en compañía de Garry (el
gorila) fue a saludar a todos sus amigos por el recinto dejándome con la
botella de cerveza entre un montón de motos.
Aburrida y sin saber que
hacer empecé a chafardear. Las motos la verdad eran preciosas. Todas eran
grandes, negras, algunas tenían dibujos muy elaborados, otras eran más sencillas,
pero con clase. Me llamó atención una moto que estaba un poco apartada. Tenía
algo en la parte trasera, algo sentado y con orejas. Me acerqué y vi un
pobrecito osito de peluche atado al asiento. El osito tenía pinta de tener como
40 años, haber pasado por toda clase de aventuras con su dueño e incluso a lo
mejor haber sobrevivido varios accidentes. Me senté al lado suyo y desde ahí
fui observando a la gente.
Las que más me
sorprendían eran las mujeres motoristas. La mayoría de ellas eran muy bastas y
se comportaban como marimachos. Muchas de ellas ya habían pasado los 50, sin
embargo seguían llevando la vida de alcohol, droga y rock-n-roll.
Al acabar mi botella me despedí
del osito pensando que este tendría muchas historias para contarme y fui a
buscar a mi Harley. Le encontré en compañía del mismo gorila Garry, el cual
estaba contando una historia.
—Ya ves, el pobre Sir
Beecelot, lo que sufrió. Le lleve yo mismo al hospital para que le pongan otra
vez la pierna en su sitio.
El Harley se estaba
partiendo de risa lo cual yo no entendía en absoluto. Si se lleva a alguien con
ese extraño nombre a un hospital no es que sea muy divertido.
—El Garry nos está
contando la historia de su última caída de moto —dijo Harley sonriendo. —Cuéntaselo
otra vez para que Alicia se entere.
El Garry no se hizo
suplicar.
—Pues eso, iba yo por la
nacional y entonces un camión se sale del carril y directamente hacia mí. Yo
intento esquivarlo y se me cae la moto y doy un montón de vueltas por la arena,
pero el pobre Sir Beecelot que iba en asiento de atrás se quedo allí y paso
justo por debajo del camión. Así que acabó en hospital medio muerto.
—¡Qué horror y que
peligro! ¿Y ahora como esta? —me preocupé por alguien completamente
desconocido.
—Ahora está bien, si
quieres te lo presento.
—Ah, ok —dije yo sin
ningún entusiasmo.
Nos fuimos los tres en búsqueda
del tal Sir y empezamos a dar las vueltas entre las motos y la gente.
—Tiene que estar por
aquí. Ahora lo encontramos —decía el
Garry.
Yo simplemente le seguía
callada y con otra botella de cerveza en la mano.
—Ah, aquí esta —por fin
dijo el Garry y señaló a la moto donde estaba sentado mi amigo osito.
—Sir Beecelot le
presento a Alicia, que es rusa y tiene dientes, así que cuidado —dijo al Garry
al osito.
Yo me quede
boquiabierta. “¿En serio? ¿Sir Beecelot? No me lo podía creer. El Garry, ese
monstruo con pinta de sicario tenia de compañero de viaje a un osito de peluche
llamado Sir Beecelot.
Garry cogió a su
peluche, lo abrazo con sus enormes manos y empezó a darle besitos y
acariciarle. Harley se reía y yo no sabía dónde meter mi cara para no explotar
de la risa delante de ese hombre tan horrible y tan cariñoso con su osito.
…
Pasadas las tres de la
noche por fin llegamos al hotel, que era de tres estrellas y tenía una cama muy
cómoda. Yo estaba deshecha y después de ducharme me tumbe en la cama y deje que
el Harley hiciese todo el trabajo. Mientras tanto
medio
dormida soñaba con las aventuras del Sir Beecelot y su particular Godzilla.


Si quieres te llevo en mi moto, yo soy muy oso
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